jueves, 6 de noviembre de 2014

Jarijas

Tras la «picada» de las piedras que se realizaba periódicamente, se procedía a «asentar el molino», antes de empezar la molienda. Para ello, el molinero disponía de tres/cuatro kilos de maíz que convertía en «jarijas» o «barreduras»: harina mezclada con la arenilla del «picado» cuyo destino era la comida de los cerdos del molinero. A partir de este momento, el molino volvía a su rutina. También, en los molinos que se trituraban varios granos (maíz, trigo, cebada,...), si no se realizaba el «picado» de la piedra, las primeras porciones al cambiar de cereal, daban una «jarija»: mezcla de maíz y trigo que se empleaba como pienso para los cerdos. Incluyo una referencia de la Tesis: «Análisis y descripción onomasiológica del léxico canario», de Mª Isabel González Aguiar sobre este término: jarija. f. Porción muy pequeña de una cosa, especialmente de gofio. Esta acepción no está contemplada en el Diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, «jarija» o «espolvoreado» se utilizaba en la provincia de Sevilla para denominar al polvo finísimo de harina que invadía el molino, posándose sobre los objetos y las paredes del habitáculo, dándole un aspecto lechoso. Este polvo de harina era cuidadosamente recogido por el molinero para alimentar a sus animales de corral.
Fuentes/Referencias: Trapera. Aportación a la Historia de Ingenio. Jose Sánchez Sánchez (1987). Págs. 427 y 428.
http://www.mayrena.com/Cultura/molinos_mairena.htm